Agencias
La definición es complicada, pero los efectos de una mala salud metabólica son claros y pueden causar estragos en el organismo.
El término es difícil de definir, en parte, porque suele referirse a la ausencia del síndrome metabólico, un conjunto de problemas de salud interrelacionados que reflejan problemas con el metabolismo, o cómo el cuerpo utiliza y almacena la energía.
El síndrome metabólico se define como la presencia de al menos tres de los siguientes factores: perímetro de cintura alto, triglicéridos altos, niveles bajos de colesterol “bueno”, tensión arterial alta y azúcar alta en sangre. Estas afecciones aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca, ictus y diabetes tipo 2.
Se considera que muchas personas no gozan de buena salud metabólica: la Asociación Americana del Corazón estima que el 90% de los adultos tienen algún grado de síndrome cardiovascular-renal-metabólico, un término general que la organización definió como un trastorno de salud causado por las conexiones entre obesidad, diabetes, enfermedad renal crónica y enfermedad cardiovascular.
EXCESO DE GRASA,
EL PRINCIPAL CULPABLE
La adiposidad, la acumulación de un exceso de grasa corporal, sobre todo en el abdomen, es un componente significativo de la disfunción metabólica. Tres cuartas partes de los adultos tienen sobrepeso o son obesos.
Las células grasas almacenan energía en forma de triglicéridos. Cuando consumimos crónicamente más calorías de las que gastamos, y superamos lo que nuestras células grasas pueden almacenar, esos triglicéridos empiezan a ir a donde no deben, como el hígado y los músculos.
Las células grasas liberan moléculas inflamatorias, que dificultan la acción de la insulina; la resistencia a la insulina contribuye a su vez a la obesidad. Es un bucle circular.
La obesidad no es solo un producto de lo que comemos y de cuánto ejercicio hacemos; gran parte de ella está impulsada por la genética. Lo mismo ocurre con la forma del cuerpo. Las personas con forma de manzana, que almacenan el exceso de grasa en el abdomen, tienen más probabilidades de experimentar problemas metabólicos que quienes tienen forma de pera, que almacenan su exceso de grasa en las caderas y los muslos, dijo Cohen.
Una de las razones es que la grasa subcutánea (la que se encuentra justo debajo de la piel) y la visceral (la que rodea los órganos internos) son molecularmente diferentes, expresan genes de forma distinta y afectan a la inflamación de forma diferente.
El exceso de grasa suele ir acompañado de otras anomalías
Especialistas compararon la adiposidad con la luz de “revisión del motor” de un coche: puede ser una señal de advertencia de otros factores de riesgo metabólico, problemas de salud que aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca.
Cuando se tiene exceso de adiposidad, es importante vigilar el colesterol, la glucosa y la tensión arterial, eso indicará cuál es el siguiente paso en la salud metabólica.
No todas las personas con adiposidad desarrollarán inmediatamente estos otros factores de riesgo. Al principio, la hipertensión puede ser el principal problema para una persona, mientras que el colesterol o la diabetes de tipo 2 lo son para otra. Pero a medida que progresa la disfunción metabólica, las personas suelen desarrollar más de una afección.
Con el tiempo, estos factores de riesgo metabólicos pueden causar estragos en el organismo. La hipertensión, por ejemplo, daña las arterias y hace que se endurezcan, lo que aumenta la acumulación de placa que puede provocar un infarto de miocardio o un ictus. La hipertensión también sobrecarga el corazón y los riñones, lo que aumenta la probabilidad de insuficiencia cardiaca y enfermedad renal.
La diabetes daña las arterias y las unidades de filtración de los riñones. La resistencia a la insulina y la acumulación de grasa en el hígado pueden dar lugar a la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, una enfermedad que puede provocar inflamación y cicatrices hepáticas irreversibles.