Agencias
Los teléfonos móviles se han vuelto parte de nuestro día a día, tanto que nos puede resultar inconcebible salir de la casa sin ellos.
La adicción al celular puede generar problemas de aislamiento y phubbing, que es la acción de ignorar a quien nos acompaña físicamente por prestar más atención al teléfono.
El uso desmedido también produce problemas físicos como ojo seco, dolor de muñecas y manos, así como de espalda y mala postura.
El teléfono celular se ha convertido en una extensión del cuerpo. Este dispositivo nos acompaña al despertar, durante el trabajo, en el transporte, en las comidas y hasta antes de dormir. Esta presencia constante, aunque útil, también puede transformarse en una relación compulsiva que afecta la concentración, el descanso, los vínculos y la salud mental.
Matías Mercado, docente de Psicología en la Unifranz, propone una mirada reflexiva y estrategias concretas para recuperar el control del uso del dispositivo.
“Para reducir el uso compulsivo del celular, lo que tenemos que hacer es reenseñarnos y mostrarnos a nosotros mismos que podemos vivir sin él, que podemos pasar etapas de nuestra vida o de nuestro diario vivir sin el celular cerca o, mejor aún, sin acceso a él”, sostiene el académico.
Según Mercado, el primer paso no es demonizar la tecnología, sino reconocer nuestra dependencia y trabajar activamente para modificarla. Plantea que el proceso implica un reaprendizaje personal. Esta idea pone el foco en la autonomía psicológica y en la capacidad de tolerar la desconexión sin que se convierta en un trastorno.
Entre las recomendaciones iniciales, Mercado destaca la importancia de generar pausas reales. No se trata solo de disminuir el tiempo en pantalla, sino de cortar el vínculo de manera consciente.
“Lo primero sería, por lo menos una vez por semana, apagar el dispositivo, ya sea en la noche, inclusive cuando estemos durmiendo, o quizás unos cuantos minutos u horas. El día donde pase apagado (el celular) y nosotros podamos hacer nuestras actividades normales. Así podemos darle un descanso tanto al dispositivo como a nosotros de su uso”, recomienda el académico.
Este descanso permite que la mente se desacostumbre a la estimulación constante y recupere ritmos más saludables.
Otra estrategia clave es planificar momentos libres del celular dentro de la rutina diaria. Mercado también sugiere establecer actividades específicas en las que el dispositivo no esté presente: “Se puede programar o tener algunas actividades donde no tengamos el celular cerca, o mejor aún que esté desconectado en modo avión”. De este modo, el cerebro aprende a asociar ciertos espacios con calma y atención plena.
Crear una rutina diaria sin pantallas mejora la atención, el sueño y las relaciones personales al sustituir la gratificación digital por actividades más conscientes. Para lograrlo, se recomienda empezar de forma gradual, eligiendo momentos clave del día —mañana, mediodía y noche— que ayuden a consolidar hábitos sostenibles. Por ejemplo, iniciar el día sin celular, hacer una pausa consciente al mediodía y desconectarse por la noche con lectura o reflexión favorece el bienestar general.
Por último, el académico propone una técnica más profunda para quienes sienten una fuerte dependencia.
“Como una técnica más potente es estructurar periodos de desintoxicación. Sería uno o dos días, no de no utilizar el celular, sino de elegir una aplicación, quizás la que más nos trae problemas, o con la que más dependencia tengamos y decir: ‘Voy a pasar estos tres días o una semana sin entrar a esta aplicación.’ Así vamos a tener que aprender nuevas estrategias para enfrentarnos a la vida y de a poco vamos a alejarnos de esta dependencia”, recomienda Mercado
De esta manera, reducir el uso compulsivo del celular no implica renunciar a la tecnología, sino aprender a usarla con conciencia. Tal como plantea Matías Mercado, el cambio es progresivo y requiere decisión, pero permite recuperar tiempo, atención y bienestar emocional en la vida cotidiana.