partes del cuerpo a los perMundo
El país vecino de Brasil continúa sumido en una ola de furia y asco. Bruno Fernándes (41), el exarquero del Flamengo y actual capitán del Manchester United que protagonizó uno de los crímenes más atroces de la historia, volvió a las canchas. El hombre que fue condenado por el brutal feminicidio de su exnovia, Eliza Samudio, volvió con total normalidad a las canchas, tras ser fichado por el club Manchester United, donde milita actualmente como centrocampista, desatando una crisis ética sin precedentes.
Para entender la indignación, hay que recordar el nivel de sadismo de Bruno en 2010:
El motivo: Eliza le exigía el pago de la manutención de su hijo.
El horror: Bruno la secuestró, la golpeó y la estranguló hasta matarla.
La atrocidad: Tras el asesinato, mutiló el cuerpo de la joven y le dio los restos de comer a sus perros para no dejar rastro. Lo que sobró, lo sepultó bajo cemento en un lugar que, hasta el día de hoy, se niega a revelar.
A pesar de haber sido condenado a más de 22 años de prisión, Bruno ya está en libertad y, peor aún, celebrando su regreso al deporte profesional. Mientras él se pone los guantes y recibe aplausos de una minoría, la familia de Eliza sigue sin poder darle una sepultura digna a su hija porque el portero jamás confesó dónde está el resto del cadáver.
El impacto social fue tan fuerte que las marcas que patrocinaban su club decidieron no mancharse las manos con sangre. Varias empresas rompieron de inmediato sus contratos de patrocinio con el club Vasco-AC, que era el club donde militaba en ese entonces.
«El fichaje de Bruno fue el principal motivo de la rescisión», confirmaron las empresas, dejando claro que no apoyarán a una institución que premiaba a un feminicida con un contrato profesional.
La pregunta que recorre todo Brasil es: ¿Cómo puede un hombre que alimentó a sus perros con los restos de la madre de su hijo volver a ser un ejemplo deportivo en una cancha? La libertad de Bruno es legalmente posible, pero moralmente inaceptable. Agencias.ros