“Pomacusi vs. Arias”: De ser colegas en la TV a enemigos

Santa Cruz
En un escenario mediático cada vez más polarizado, el enfrentamiento entre dos de los comunicadores más influyentes de Santa Cruz y Bolivia, Pepe Pomacusi y Junior Arias, ha dejado de ser una diferencia de criterios para convertirse en una guerra de credibilidad viralizada en las redes. La frase que detonó el último capítulo de esta saga fue contundente: «No sé si Junior Arias es un gran periodista», soltó Pomacusi, abriendo una polémica sobre la ética y los intereses detrás de la noticia.
Pepe Pomacusi, a través de su plataforma «Que no te la charlen», no solo puso en duda la capacidad técnica de Arias, sino que fue directo a la yugular de su independencia. Según Pomacusi, el periodismo que ejerce el director de DTV carece de la distancia necesaria con el poder político, sugiriendo que sus investigaciones y primicias responden a una agenda de «demolición» dirigida desde ciertos sectores del Gobierno.
Para Pomacusi, la figura de Arias representa un modelo de comunicación que él considera peligroso: aquel que utiliza la información como un mazo político bajo el disfraz de fiscalización. Este cuestionamiento atacó la esencia misma de la trayectoria de Arias.
Junior Arias, lejos de guardar silencio, utilizó su pantalla para contraatacar con la misma intensidad. Su defensa no se centró en explicar su metodología, sino en deslegitimar a su crítico. Arias acusó a Pomacusi de haber «perdido» su brújula política y su influencia tras los recientes procesos electorales de agosto y octubre, sugiriendo que los ataques de Pomacusi son el resultado de la frustración por haber perdido su estatus como el «gran estratega» de la opinión pública cruceña.
Arias fue más allá al denunciar un «ataque sistemático» y acusar a Pomacusi de haber sido beneficiario de favores en el pasado, revirtiendo la narrativa de quién está realmente alineado con el poder.
El intercambio de acusaciones sobre contratos con YPFB y la legalidad de los mismos a través del SICOES ha puesto en evidencia cómo el financiamiento estatal sigue siendo el talón de Aquiles de la independencia mediática en el país.