Más de 50 millones de personas conviven con epilepsia en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cerca del 30%, no responde a los tratamientos convencionales y enfrenta crisis convulsivas persistentes que afectan su desarrollo y su entorno.
En ese contexto, el avance en la investigación clínica sobre el cannabidiol (CBD) continúa representando una esperanza para quienes padecen formas graves y resistentes de epilepsia.
El año pasado se conocieron los resultados del mayor estudio realizado en Argentina sobre el uso de CBD purificado en niños con epilepsias severas resistentes al tratamiento marcó un hito en la práctica clínica local. El trabajo, liderado por Gabriela Reyes Valenzuela, jefa del área de Epilepsia del Hospital Garrahan, mostró que el CBD redujo de forma significativa la frecuencia de las convulsiones, mejoró la calidad de vida de los niños y sus familias y evidenció un perfil de seguridad favorable.
El principal beneficio del cannabidiol radica en la reducción de la frecuencia de crisis, especialmente en pacientes con epilepsias severas que han pasado por múltiples tratamientos.
Los especialistas explican que esta opción suele elegirse en pacientes con alta carga de crisis, deterioro del desarrollo, riesgo de internaciones, uso frecuente de medicación de rescate y pocas alternativas terapéuticas disponibles.