Cáncer de piel: causas, tratamientos, síntomas


El cáncer de piel no melanoma es el tipo más común de cáncer de piel. Se le llama no melanoma porque este grupo de tumores comprende todos los tipos de cáncer de la piel, excepto uno: el melanoma maligno, que es el cáncer que se desarrolla a partir de los melanocitos.
Según la Academia Española de Dermatología y Venereología, cada año unas 4.000 personas en España desarrollan un melanoma (el cáncer con peor pronóstico) y más de 74.000 tienen un cáncer cutáneo no melanoma. Factores como el deterioro de la capa de ozono o la falta de prevención diaria propician la aparición de nuevos casos.
En todo el mundo, según la Skin Cancer Foundation:
Cada año se diagnostican más de 13 millones de casos de cáncer de piel. Uno de cada tres cánceres que se diagnostican es un cáncer de piel. Más de 65.000 personas mueren, cada año, por culpa de este cáncer de piel.
Según José Carlos Moreno, de la Academia Española de Dermatología y Venereología, la predisposición genética es la causa principal de la aparición del cáncer de piel, aunque existen otros factores bien identificados que también intervienen, como la radiación ultravioleta, algunos agentes químicos, las infecciones por el virus del papiloma humano e incluso inmunodepresión. “Los pacientes trasplantados tienen una mayor incidencia de cáncer cutáneo que la población normal”, indica.
Las causas más frecuentes son: La exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV), cuya principal fuente es la luz solar. El grado de exposición a esta radiación depende de la intensidad de la luz, del tiempo de exposición y de si la piel ha estado protegida. Las personas que viven en áreas donde están expuestas todo el año a una luz solar intensa tienen mayor riesgo de desarrollar este tipo de cáncer. Además, estar largo tiempo a la intemperie por motivos de trabajo u ocio sin protegerse con ropas adecuadas y protección solar incrementa la posibilidad de desarrollarlo. Las lámparas y cabinas bronceadoras son otras fuentes de radiación ultravioleta que pueden aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer de la piel no melanoma. La exposición a ciertos productos químicos como el arsénico, la brea industrial, la hulla, la parafina y ciertos tipos de aceites.
Las lesiones o inflamaciones graves o prolongadas de la piel, como pueden ser las quemaduras graves, la piel que recubre el área donde se produjo una infección ósea grave y la piel dañada por ciertas enfermedades inflamatorias.
El xeroderma pigmentoso, una patología hereditaria muy poco frecuente, reduce la capacidad de la piel para reparar los daños que sufre el ADN como consecuencia de la exposición a la luz solar. Las personas que tienen este trastorno desarrollan un gran número de tumores de la piel, a veces desde la infancia.
El síndrome del nevus de células basales es una condición congénita poco frecuente, que ocasiona múltiples tumores malignos de células basales (basaliomas). La mayoría de los casos, aunque no todos, son hereditarios. El cáncer de la piel no melanoma puede tener el aspecto de diversas marcas en la piel. Las señales de aviso principales son la aparición de una nueva masa, una mancha o protuberancia que esté creciendo (en el transcurso de unos meses o de uno a dos años), o bien una úlcera que no sane en un plazo de tres meses. “Los síntomas de este cáncer son muy variables. Encontramos desde quistes de crecimiento progresivo, úlceras que no curan, cicatrices que crecen”, dijo el dermatólogo José Carlos Moreno.