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Fue actriz porno, diputada, locutora, cantante, espía, prostituta, musa de uno de los artistas contemporáneos más taquilleros, ícono gay, provocadora profesional.
Provocaba y escandalizaba a sociedades que todavía no estaban preparadas para dosis tan altas de exhibicionismo, frontalidad y desparpajo. Fue una pionera en esa nueva costumbre de personajes públicos sin mayores antecedentes que se vuelcan a la política, cuyo mayor caudal, mayor capital, es la capacidad para venderse a sí mismos, para encontrar lugares de visibilidad sin importar demasiado lo que tengan para decir.
El Partido Radical Italiano solía apostar por candidatos estentóreos. Sus propuestas navegaban entre lo novedoso y lo extremo. Su estructura era pequeña. Necesitaban gente que se hiciera ver, que les diera visibilidad. En elecciones previas habían utilizado a figuras televisivas desvencijadas (cuando todavía los personajes mediáticos y la política estaban escindidos). Pero en 1987 su apuesta fue mucho más lejos. Al principio todos pensaron que se trataba de una broma. Un gesto folklórico y risueño. Presentó como candidata al parlamento a Illona Staller, la Cicciolina.
DE ACTRIZ PORNO
A DIPUTADA
Hasta ese entonces era una actriz porno, cotizada pero no demasiado conocida por el gran público. Esa candidatura logró traspasar fronteras. El hastío con la clase política y un sistema de votación complejo permitieron que la Cicciolina obtuviera más de 20.000 votos y una banca en el Parlamento.
Su mejor estrategia de campaña fue mostrar uno de sus pechos cada vez que podía, una manera, al menos, novedosa de proselitismo. Y, se demostró, extraordinariamente efectiva. Parecía que a sus votantes no les interesaban demasiado las propuestas que tuviera para hacer. Llevaba siempre, además de una sonrisa permanente y gélida, un osito de peluche. Decía que le servía para taparse sus genitales, ya que nunca usaba bombacha.
Su postulación, pero mucho más el obtener un escaño, provocaron un revuelo extraordinario. Los defensores de la moralidad salieron a clamar por las buenas costumbres. Exigían que no fuera aceptada, que su conducta se ajustara a los cánones de vestimenta (hasta ese momento inexistentes) parlamentarios y demás. No hubo periodista o intelectual -y no hablamos solo de los italianos- que dejara de escribir sobre ella. Umberto Eco resumió la cuestión en un aforismo: “Prefiero una actriz porno a un ladrón”. Faltaban todavía unos años para el Manu Pulite.
El primer beneficio que encontró fue que los fueros le permitieron que las acusaciones de obscenidad que debía afrontar luego de cada aparición pública mermaran. Dejó de concurrir tan asiduamente a tribunales. Se convirtió en una figura global. Probablemente, la actriz porno más conocida de su tiempo.
CINE PORNO
Se convirtió en una de las figuras más reconocibles de la industria pornográfica, conocida por sus actuaciones provocativas y el uso recurrente de flores y peluches en su imagen pública.
Grabó canciones y participó activamente en programas de televisión, consolidando un personaje que mezclaba la ingenuidad con el erotismo. Agencias.
