Bolivia
La visita oficial del mandatario se vio empañada por una fuerte movilización de la Alianza Gente Nueva (AGN). Los manifestantes denuncian un «golpe electoral» tras la inhabilitación masiva de sus candidatos a pocos días de las subnacionales.
Lo que debía ser una jornada de gestión gubernamental en la capital del Estado se transformó este miércoles en un escenario de confrontación política.
El presidente Rodrigo Paz fue recibido entre abucheos, silbidos y gritos de protesta por parte de militantes de la Alianza Gente Nueva (AGN), quienes lograron romper el cerco mediático para expresar su rechazo a las recientes decisiones del órgano electoral.
La furia de los militantes de AGN radica en la resolución que deja fuera de la carrera electoral a su principal figura en Sucre, Luis Ayllón, candidato a la silla municipal. Según los dirigentes de la alianza, esta medida no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia nacional para proscribir a más de 250 candidatos de su sigla, afectando su representación en concejalías y asambleas departamentales.
«Es un atropello a la democracia. No quieren ganarnos en las urnas, quieren ganarnos en los escritorios», exclamó uno de los movilizados mientras el vehículo presidencial intentaba avanzar entre la multitud que coreaba: «¡Sucre se respeta carajo!».
El incidente en Sucre no ocurre en el vacío. El presidente Paz enfrenta una de las semanas más complicadas de su gestión debido a varios problemas y conflictos suscitados en el país en los últimos días, como la crisis monetaria, conflictos en YPFB, polarización electoral, entre otros acontecimientos.
Tras los incidentes, el equipo de seguridad de la Casa Grande del Pueblo tuvo que redoblar esfuerzos para evacuar al mandatario del lugar del evento. Aunque se esperaba un discurso sobre proyectos locales, el clima de hostilidad obligó a reducir la agenda pública.
Desde el entorno presidencial se ha intentado minimizar el impacto del abucheo, calificándolo como un movimiento de «grupos de choque pagados». Sin embargo, para los analistas locales, lo ocurrido en Sucre es un termómetro del descontento social que podría verse reflejado en las urnas el próximo 23 de marzo.
Agencias.