Marset cargaba toneladas de droga desde el Chapare

Según un reportaje de The Washington Post, el narcotraficante Sebastián Marset acopiaba toneladas de droga en el Chapare para enviarlas al exterior. No estamos hablando de un pequeño delincuente, sino de uno de los capos más buscados del narcotráfico internacional que, durante años, pudo operar desde Bolivia con una tranquilidad difícil de creer.

Pero el asunto se vuelve todavía más grave. Existen audios que vinculan al exsenador Leonardo Loza con Marset. Por eso, ahora que finalmente Marset fue capturado este viernes 13 de marzo, la investigación no puede quedarse en la foto del narcotraficante esposado. Tiene que llegar hasta los nexos políticos que pudieron haberle dado protección en el Trópico de Cochabamba. Y lo más revelador es la reacción inmediata de algunos dirigentes del Chapare, que ya salieron a denunciar que el gobierno quiere vincular a Evo Morales con Marset. La pregunta es inevitable: si no hay nada que ocultar, ¿por qué tanto nerviosismo?

Cuando un capo internacional logra instalarse, acopiar toneladas de droga y operar durante años desde una región sin que nadie “vea nada”, la explicación no suele ser la casualidad. La verdadera pregunta ya no es si hubo protección política… La pregunta es quiénes fueron los que protegieron al narco y por qué hoy tienen tanto miedo de que se investigue.

Un reportaje del Washington Post da cuenta de que el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset —a través de su organización criminal— cargaba entre 1 y 2 toneladas de cocaína en el Chapare para transportarlas, en avionetas, hasta Paraguay y luego lleguen a puertos de Europa.

Según el medio norteamericano, para su reportaje accedió a “miles de documentos internos de las policías de Paraguay, Uruguay y Bolivia”. Además de transcripciones de escuchas telefónicas y varias entrevistas con funcionarios de varios países.

En ese sentido, el Washington Post reportó que miembros de la organización criminal de Marset aterrizaban en “granjas remotas” en el Chapare “donde los traficantes llenarían los aviones con entre una y dos toneladas de cocaína”.