Más allá de bajar de peso: Ozempic podría reducir la adicción al alcohol

Agencias
Un importante ensayo publicado en la revista The Lancet reveló que la semaglutida, el principio activo de medicamentos conocidos como Ozempic y Wegovy, representa un avance histórico en el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol.
La investigación, liderada por el profesor clínico Anders Fink-Jensen del Centro de Salud Mental de Copenhague en Dinamarca, constituye el primer ensayo controlado aleatorizado que demuestra formalmente que este fármaco, administrado semanalmente, reduce de forma drástica tanto los días de consumo excesivo como los niveles generales de riesgo en pacientes que buscan ayuda para su adicción.
Durante las 26 semanas que duró el estudio, se analizó a un grupo de personas que padecían simultáneamente obesidad y trastorno por consumo de alcohol. Los resultados fueron contundentes: quienes recibieron inyecciones de semaglutida experimentaron una reducción del 41% en sus días de consumo excesivo de alcohol, superando notablemente la disminución del 26% registrada en el grupo que recibió un placebo salino.
En términos cuantitativos, el consumo mensual de alcohol descendió a 1,550 gramos en los pacientes tratados con el fármaco, frente a los 1,026 gramos del grupo de control. Asimismo, la media diaria de bebidas cayó en 3,5 unidades de alcohol para quienes usaron semaglutida, mientras que en el grupo placebo la caída fue de apenas 2,1 unidades.
El Dr. Manassa Hany, experto en psiquiatría de adicciones, explica que este fármaco, que imita la hormona GLP-1 para controlar la insulina y el azúcar, podría operar mediante dos mecanismos fundamentales.
En primer lugar, actuaría directamente en el cerebro reduciendo los antojos al interferir con el subidón de dopamina que el alcohol suele generar, lo que provoca que el paciente no sienta el mismo placer al beber y pierda el interés por la sustancia.
En segundo lugar, al ralentizar el vaciado gástrico, el medicamento induce una sensación de saciedad prolongada que no solo disminuye el apetito por la comida, sino que también desincentiva la ingesta de las calorías líquidas del alcohol. Este hallazgo es calificado como un cambio radical de paradigma, ya que los tratamientos actuales para el alcoholismo son escasos y funcionan mediante mecanismos biológicos totalmente distintos.
Los expertos coinciden en que estos datos se suman a una evidencia anecdótica creciente donde los pacientes reportaban una pérdida espontánea del interés por la bebida tras iniciar el tratamiento para la diabetes o el peso. La comunidad médica anticipa que el siguiente paso crucial será obtener la aprobación formal de organismos reguladores como la FDA para añadir esta poderosa herramienta al arsenal clínico disponible contra la dependencia al alcohol.
Este descubrimiento abre una nueva vía de esperanza para millones de personas al atacar la adicción desde una perspectiva metabólica y neurológica simultáneamente, permitiendo un control más integral de los impulsos biológicos que perpetúan el consumo problemático y transformando profundamente el enfoque terapéutico de las adicciones modernas a través de la ciencia de los agonistas del receptor de GLP-1.