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Este martes, el Arsenal ha hecho historia al clasificarse para su segunda final de la Champions League, veinte años después de su primera aparición, tras vencer al Atlético de Madrid por 1-0 en el Emirates Stadium. Un solitario gol de Bukayo Saka al filo del descanso fue suficiente para sentenciar una eliminatoria marcada por la tensión, el miedo al error y la efectividad en los momentos decisivos. Con este resultado, el equipo londinense regresa a la gran cita europea con la esperanza de redimirse de la derrota sufrida en 2006 ante el Barcelona en Saint-Denis y levantar, por fin, su primera «Orejona». Aquella final perdida con la expulsión temprana de Lehmann sigue siendo una espina clavada en el norte de Londres que esta nueva generación busca arrancar definitivamente.
El partido fue un duelo de nervios entre dos de los clubes más importantes de Europa que aún no poseen el trofeo en sus vitrinas. Para el Atlético de Madrid y Diego Simeone, la derrota supone un nuevo golpe en su histórica y a veces cruel búsqueda del título continental. A pesar de los esfuerzos y la competitividad mostrada, el equipo español volvió a quedarse a las puertas de la gloria, reviviendo fantasmas de finales pasadas donde Sergio Ramos o los penaltis en Milán les privaron del éxito. El Dios del fútbol parece ensañarse con un proyecto que lo ha intentado todo.
La primera mitad se desarrolló bajo una atmósfera eléctrica, con ambas aficiones entregadas a la causa entre cánticos y una presión ambiental asfixiante. El Atlético tuvo sus oportunidades en las botas de Julián Álvarez y Giuliano Simeone, pero la falta de contundencia en el área rival terminó pasándoles factura. En la Champions League, el perdón suele ser sinónimo de castigo, y el Arsenal no desaprovechó su momento. En el minuto 44, tras una gran intervención de Jan Oblak ante un remate de Trossard, Bukayo Saka aprovechó el rebote para empujar el balón a la red y desatar la locura.
Tras el descanso, el Atlético intentó reaccionar. Con mayor posesión y una propuesta más ofensiva, los rojiblancos buscaron el empate. La ocasión más clara llegó tras un error de Saliba que dejó a Giuliano solo frente a Raya. Sin embargo, tras regatear al portero, la providencial intervención de Gabriel impidió el gol. Esa oportunidad desperdiciada marcó el fin de las esperanzas madrileñas, mientras que el Arsenal logró sostener el marcador pese a la falta de puntería final de Gyökeres.
El pitido final dejó imágenes de contraste: las lágrimas de la afición colchonera por otra oportunidad perdida en la orilla y el júbilo de un Arsenal que ve en Mikel Arteta al arquitecto de un sueño que está a solo 90 minutos de cumplirse. El equipo inglés se enfrentará ahora al reto más importante de su historia moderna, buscando coronarse como el mejor equipo de Europa en la gran final que se disputará en 25 días, donde el club buscará validar un proceso que ha devuelto la ilusión a toda su gente.