Un informe de Cleveland Clinic advirtió que los cambios hormonales, la desaceleración del metabolismo y la pérdida progresiva de masa muscular convierten a la etapa perimenopáusica en un período de alta vulnerabilidad para el control del peso.
El fenómeno es más frecuente de lo que se reconoce: mujeres que mantienen los mismos hábitos alimenticios y de actividad física de siempre comienzan a ver cómo el peso aumenta y la ropa ya no les queda igual.
El cambio más visible ocurre en la distribución de la grasa: el tejido adiposo migra desde las caderas y los muslos hacia el abdomen, un patrón que los especialistas denominaron coloquialmente “barriga menopáusica” y que responde a una biología precisa.
El primero es la caída del estrógeno: al disminuir durante la perimenopausia, este modifica la manera en que el organismo distribuye la grasa. “Los cambios hormonales pueden afectar la forma en que el cuerpo almacena grasa”, señaló la Dra. Batur.
El segundo factor es la desaceleración natural del metabolismo con la edad, que reduce la cantidad de calorías quemadas incluso sin modificar los hábitos.
Por último, los síntomas propios de la menopausia, como los sofocos y los sudores nocturnos, alteran el sueño, con consecuencias directas sobre las hormonas que regulan el estado de ánimo y la salud física.
Ante este panorama los especialistas recomiendan priorizar proteínas junto con un consumo regular de verduras, además de ejercicios diarios.