Quedarse dormido después de consumir una gran cantidad de alcohol puede parecer simplemente el final de una noche de fiesta. Sin embargo, cuando una persona está gravemente intoxicada, perder la conciencia puede convertirse en una situación potencialmente mortal.
El alcohol es un depresor del sistema nervioso central. Esto significa que, conforme aumenta su concentración en la sangre, puede disminuir progresivamente la actividad de diferentes funciones controladas por el cerebro.
Al principio pueden aparecer desinhibición, dificultad para coordinar movimientos, habla arrastrada y problemas para mantener el equilibrio. Pero cuando la intoxicación se vuelve más grave, pueden deteriorarse la conciencia, los reflejos protectores y la respiración.
Uno de los mayores peligros ocurre si la persona vomita mientras está profundamente inconsciente.
Normalmente existen reflejos que ayudan a proteger las vías respiratorias. Pero una intoxicación grave por alcohol puede disminuir estos mecanismos. Si una persona inconsciente vomita mientras permanece boca arriba, existe el riesgo de que el contenido pase hacia las vías respiratorias y los pulmones. Esto puede provocar asfixia o una aspiración del contenido gástrico, situaciones que pueden poner en peligro la vida.
Por eso, una persona que está muy intoxicada y tiene un nivel de conciencia reducido no debería simplemente dejarse sola para que “duerma la borrachera”.
Si está inconsciente pero respira, debe colocarse de lado en una posición estable que ayude a mantener abiertas las vías respiratorias y permita que cualquier vómito salga hacia afuera.
En resumen, si alguien no puede despertar tras beber, presenta respiración anormal o convulsiones, no hay que dejarlo «dormir hasta que se le pase», puede ser una intoxicación por alcohol que necesita atención médica inmediata.