La hepatitis C puede permanecer sin señales durante años mientras daña el hígado. Esa evolución silenciosa explica por qué muchas personas desconocen que están infectadas y reciben un diagnóstico recién cuando el daño ya es grave. De acuerdo con la Mayo Clinic, la infección causa inflamación del hígado y puede derivar en lesiones graves cuando persiste sin tratamiento.
La hepatitis C comienza con una fase aguda que corresponde a los primeros meses posteriores al contagio. Esa etapa pocas veces se diagnostica porque raramente produce señales. Cuando aparecen, pueden incluir cansancio, náuseas, fiebre, dolores musculares e ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel o de la parte blanca de los ojos.
Algunas infecciones desaparecen después de esa primera fase, pero otras persisten y se vuelven crónicas: se mantienen durante años, a veces décadas, sin manifestaciones evidentes. Los síntomas aparecen recién cuando el virus ya produjo una lesión importante en el órgano. Entre las señales que describe la Mayo Clinic se encuentran la fatiga, la falta de apetito, la orina oscura, la picazón en la piel, la pérdida de peso y la acumulación de líquido en el abdomen.
Dado que la infección puede no producir señales durante años, el diagnóstico no puede basarse en el malestar como indicador.
La Mayo Clinic recomienda que todas las personas de entre 18 y 79 años se realicen al menos una vez esta prueba de detección, independientemente de si tienen síntomas o factores de riesgo conocidos.