La sequía está golpeando con fuerza a Pasorapa, una población de aproximadamente 1.500 habitantes donde la ganadería no es solamente una actividad económica, es el sustento de las familias y el motor de una producción que abastece de carne a Totora, Punata y al mercado de Cochabamba. Hoy, ese esfuerzo productivo enfrenta una de sus horas más difíciles, con atajados que se secan, ganado que comienza a morir, escasez de forraje y una población obligada a racionar el agua.
Detrás de cada animal que muere hay una pérdida económica para una familia que invirtió tiempo, trabajo y recursos en su crianza. Detrás de cada atajado vacío hay menos posibilidades de mantener con vida a los animales. Y detrás de cada jornada sin lluvia crece la incertidumbre de quienes dependen de la tierra y del ganado para sobrevivir.
UN ALCALDE QUE BATALLA CON LO POCO QUE TIENE
El alcalde de Pasorapa, Alverth Pedrazas, asegura que continúa buscando soluciones para evitar que la sequía termine de golpear a los productores. La emergencia exige agua, transporte, recursos y asistencia técnica, pero el municipio tropieza con una limitación que agrava el panorama: no cuenta con suficientes equipos operativos para responder a las necesidades de sus comunidades.
Pasorapa tiene tres cisternas, pero dos están fuera de servicio. La única que puede utilizarse tiene una capacidad de 12.000 litros, volumen que debe distribuirse frente a una demanda que supera ampliamente la capacidad de respuesta municipal. La tarea del alcalde, según el panorama descrito, consiste en buscar alternativas. Pero los esfuerzos locales tienen límites cuando la sequía se extiende, los atajados pierden sus reservas y las lluvias no llegan.
NO SOLO FALTA AGUA: TAMBIÉN ESCASEA EL FORRAJE
La sequía golpea por dos frentes. Por un lado, los animales necesitan agua para sobrevivir; por otro, la falta de forraje dificulta su alimentación y debilita aún más al ganado. El riesgo también alcanza a la producción que conecta a Pasorapa con otros municipios. La carne que sale de esta región llega a mercados de Totora, Punata y Cochabamba.
A la crisis ganadera se suma otra preocupación: el inicio de la época de siembra de maíz. Los productores observan el cielo y esperan las lluvias que permitan trabajar la tierra. La falta de precipitaciones genera incertidumbre sobre las posibilidades de sembrar y obtener una producción que contribuya a sostener la economía familiar y la alimentación del ganado.
GOBERNADOR Y ASAMBLEÍSTAS NO CONOCEN LA REALIDAD
A la falta de agua y de asistencia se suma otro reclamo; hasta ahora, según la información proporcionada por el alcalde, ni siquiera los asambleístas llegaron a Pasorapa para conocer de cerca la magnitud de la emergencia. Mientras el ganado muere, los atajados se secan y los productores hacen esfuerzos desesperados por conseguir agua, las declaraciones sobre la situación se realizan —según el reclamo municipal— sin conocer directamente la realidad que viven las comunidades afectadas. En un municipio que se declaró en emergencia desde febrero, la ausencia de visitas y respuestas concretas alimenta la sensación de abandono.