Muere Luis Rico «La Voz de la canción social y de protesta»

Bolivia está de luto tras el fallecimiento del reconocido cantautor, compositor e intérprete Luis Rico Arancibia, quien murió la noche del lunes 2 de noviembre, a los 81 años. Su partida deja un profundo vacío en la cultura nacional y marca el adiós a una de las voces más representativas de la canción social, la protesta y la defensa de la democracia. La noticia fue confirmada por sus familiares y allegados, generando numerosas muestras de pesar en el ámbito artístico y político.
Nacido el 15 de mayo de 1945 en Tupiza, Rico dedicó más de cinco décadas a retratar, mediante su música, la historia, las luchas populares y las distintas realidades del país. Su trayectoria artística comenzó en 1967, cuando encontró en la guitarra una herramienta para denunciar las injusticias, entre ellas la Masacre de San Juan, que marcó profundamente su compromiso con las causas sociales.
Entre sus canciones más recordadas figuran “Cuando tenga la tierra”, “Moto Méndez”, “Elegía a Juana Azurduy”, “Pucha Caray”, “El funeral del río” y “Matrimonio en el conventillo”. También destacó por interpretar “Viva mi patria Bolivia”, composición de Apolinar Camacho. Su propuesta musical recorrió los ritmos del altiplano, los valles y el oriente, incorporando además expresiones folklóricas latinoamericanas.
Su vida estuvo marcada por la persecución política durante las dictaduras militares. Debido a sus canciones y su defensa de la democracia, sufrió exilios forzados en Francia y México, especialmente durante los gobiernos de Hugo Banzer y Luis García Meza. Tras el retorno de la democracia, volvió al país y continuó utilizando su música para denunciar abusos y reivindicar los derechos sociales.
Su aporte fue reconocido en 2013 con el Premio Nacional de Cultura y en 2024 recibió el Premio Maya Internacional por su trayectoria artística. Incluso en sus últimos años continuó produciendo música.
Sus restos serán velados este miércoles, desde las 10:00, en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz,