La artrosis de rodilla es el tipo más frecuente de artritis y afecta a unos 528 millones de adultos en todo el mundo.
Es mucho más que una consecuencia de «hacerse mayor» o del «desgaste» de las articulaciones. La artrosis afecta a toda la articulación, no solo al cartílago y al hueso, sino también a los tejidos blandos que rodean la rodilla (ligamentos y tendones) y a los músculos de la zona.
Los primeros síntomas suelen ser dolor o molestias al realizar actividades cotidianas, como subir escaleras. Con el tiempo, el dolor puede volverse más constante, con episodios de mayor intensidad conocidos como «brotes».
El dolor, las dificultades para realizar actividades y las limitaciones de la movilidad son motivos habituales para buscar atención médica.
Algunas personas confunden la artritis reumatoide (AR) con la artrosis. La principal diferencia es que la AR pertenece a un grupo de enfermedades en las que una alteración del sistema inmunitario es la causa principal del dolor y la inflamación de las articulaciones. Estas formas de artritis inflamatoria suelen requerir medicamentos dirigidos específicamente a las partes del sistema inmunitario que no funcionan como deberían.
Ningún medicamento cura la artrosis y no existe un tratamiento único que sirva para todas las personas. Sin embargo, es bueno reconocer que la actividad física y el ejercicio son fundamentales para conservar la movilidad y la capacidad de realizar actividades cotidianas.