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El Atlético de Madrid regresó a unas semifinales de la Champions League tras 9 años de ausencia, logrando una clasificación agónica y meritoria ante un Barcelona que soñó con la remontada. El ambiente en el Metropolitano fue de «partido grande», marcado por la tensión extrema y un inicio arrollador del equipo de Hansi Flick, que en solo 24 minutos consiguió igualar la eliminatoria.
El club Barcelona salió dispuesto a «hacer que sucediera», borrando la ventaja de 0-2 que el Atlético traía de la ida. Lamine Yamal, convertido en un jeroglífico indescifrable para la defensa, lideró la ofensiva. Un error de Lenglet permitió a Yamal abrir el marcador a los 4 minutos, y más tarde, Ferran Torres puso el 0-2 (2-2 global) tras una asistencia del propio extremo internacional. En esos momentos de vulnerabilidad, el Atlético se sostuvo gracias a las intervenciones de Musso, cuya elección por encima de Oblak fue la gran apuesta táctica de Simeone.
La reacción local llegó a la media hora de juego. Aprovechando la defensa adelantada del Barça, una transición rápida liderada por Griezmann y la furia de Marcos Llorente permitió que Lookman marcara el 1-2, devolviendo la ventaja global al Atlético. A partir de ahí, el partido se convirtió en un intercambio de golpes con un ritmo frenético.
En la segunda mitad, el drama aumentó. El VAR anuló un gol a Ferran Torres por fuera de juego y Musso volvió a salvar a los locales. El destino se selló en el minuto 78, cuando Eric García recibió la tarjeta roja tras derribar a Sorloth en una escapada clara. Con un hombre menos, el Barça perdió fuelle, aunque Araujo tuvo el empate en un cabezazo final que se fue alto en el tiempo de descuento.
El Atlético sobrevive a la «bestia negra» de su historia reciente y ya espera al Arsenal o al Sporting de Portugal en semifinales, aferrado a la fe de Simeone y la resistencia de un bloque que supo sufrir hasta el final.
El club reafirma así su jerarquía en Europa, superando al Barça con oficio y resistencia.