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El Real Madrid puso fin a su andadura europea en el Allianz Arena, cayendo 4-3 ante un Bayern Múnich que supo castigar los errores puntuales en un duelo de alta tensión. El equipo dirigido por Álvaro Arbeloa, que ya había visto cómo se escapaban la Liga, la Copa y la Supercopa, se aferraba a la Champions como su última bala. El inicio fue inmejorable: a los 39 segundos, Arda Güler aprovechó un error de bulto de Manuel Neuer para poner el 0-1, silenciando Múnich y equilibrando la eliminatoria antes del primer minuto.
La alegría fue efímera. Al minuto 6, un córner mal defendido permitió a Pavlovic cabecear el empate tras una salida en falso de Lunin. Lejos de amilanarse, el Madrid recuperó el pulso y, en el minuto 29, Güler firmó su doblete con un magistral lanzamiento de falta que se coló cerca de la escuadra. Sin embargo, el intercambio de golpes no cesó. Harry Kane, infalible, puso el 2-2 tras una desatención defensiva de Alexander-Arnold. Antes del descanso, el Madrid volvió a rugir: una contra letal finalizada por Kylian Mbappé mandó el partido al vestuario con un 2-3 que hacía soñar con las semifinales.
La segunda parte fue una guerra de nervios. El Bayern dominaba la posesión, mientras el Madrid buscaba sentenciar a la contra con la velocidad de Mbappé y Vinícius. El destino del partido cambió en el minuto 87: Eduardo Camavinga, que había entrado de refresco, fue expulsado por doble amarilla tras una falta evitable. Con un hombre menos, el Madrid se desmoronó en apenas dos minutos. Luis Díaz, con un zapatazo lejano, puso el 3-3 que dejaba fuera a los blancos, y ya en el descuento, Michael Olise cerró la cuenta con el 4-3 definitivo.
La «épica de lo imposible» que tantas veces salvó al Madrid no apareció esta vez. El proyecto de Arbeloa cierra la temporada con las manos vacías, pagando caro un despertar tardío y la falta de contundencia en los minutos finales de una noche europea que será recordada por su crueldad técnica y su frenesí goleador absoluto.