Escándalo: Juez captado bailando con una asesina

La Paz
El periodista Andrés Gómez Vela ha revelado un caso que refleja una cruda y dolorosa realidad en Bolivia: la impunidad comprada o negociada. El centro de la polémica es Jeanett Bejarano, una mujer que en 2008 fue protagonista de un crimen atroz al asesinar a su esposo, un sargento de la Fuerza Aérea Boliviana, utilizando el arma de reglamento de la propia víctima.
La justicia, en aquel entonces, actuó con la severidad que el caso ameritaba, dictando una sentencia de 30 años de prisión sin derecho a indulto, la pena máxima en la legislación boliviana. Sin embargo, el rigor de la ley se desvaneció en los pasillos de las instituciones penitenciarias. Según la denuncia de Gómez Vela, Bejarano logró salir de la cárcel en 2015 bajo circunstancias sumamente irregulares. El relato detalla que la sentenciada habría mantenido una relación con el juez de ejecución de sentencia, Ángel René Conde, de quien incluso llegó a quedar embarazada para facilitar su salida. Posteriormente, para blindar su libertad y no regresar jamás a una celda, recurrió al argumento de padecer una enfermedad terminal, específicamente cáncer.
El desenlace de esta cadena de favores y corrupción alcanzó su punto máximo este pasado domingo. 10 años después de haber burlado al sistema, la policía capturó a Bejarano en la zona sur de La Paz. Lo indignante del hallazgo no fue solo su presencia en las calles, sino el contexto: se encontraba celebrando y bailando morenada en una festividad folclórica, precisamente en compañía del juez que debía velar por el cumplimiento de su condena.
Este episodio muestra un sistema en descomposición. Como bien señaló Gómez Vela, este tipo de eventos son los que destruyen la confianza ciudadana. «Luego se preguntan por qué tanta gente no cree en la justicia de Bolivia», sentenció el periodista. El caso de la «asesina bailarina» y el juez cómplice queda ahora como un monumento a la injusticia, recordándonos que, en ciertos estratos, la sentencia más firme puede ser borrada por un favor personal, dejando a las víctimas y a la sociedad en un estado de absoluta indefensión.