El carácter más distintivo de esta festividad es la devoción de parejas que, ante la dificultad de concebir, acuden al «Tata» con fe. El párroco de Santa Vera Cruz, Justino Mamani, destacó el impacto espiritual de la celebración en la vida de los creyentes.
«Hay parejas que vienen con mucha devoción a pedirle un hijo al Señor de Santa Vera Cruz. Muchos vuelven tiempo después para decir: ‘Realmente me ha hecho el milagro’. Algunos bromean diciendo que se llevaron dos figuras de barro y ahora tienen gemelos», relató el párroco con satisfacción.
Pero la fertilidad no solo se pide para los humanos; miles de campesinos llegan también para rogar por la prosperidad de su ganado y una cosecha abundante en sus tierras, manteniendo una conexión ancestral entre la fe cristiana y los ciclos de la naturaleza.
Programa de actividades
La festividad arrancará formalmente el sábado 2 de mayo con una serie de ritos tradicionales en el templo ubicado en el kilómetro 7 de la avenida Petrolera:
09:00 AM: Traslado de la imagen de Santa Vera Cruz desde el templo hacia el área del «canchón» para el encuentro con los fieles.
Noche: Celebración de la misa y la emblemática «bendición de fuego», donde se bendicen las ofrendas y se realizan las tradicionales quemas de bosta y ritos de fertilidad.
Domingo 3 de mayo: Misa solemne al mediodía (12:00 PM), seguida del inicio del Festival de Santa Vera Cruz, que incluye música autóctona y coplas tradicionales.
Un fenómeno que cruza fronteras
Lo que comenzó como una celebración local de los valles cochabambinos se ha transformado en un evento de alcance internacional. Cada año, la cantidad de visitantes crece considerablemente, recibiendo a devotos no solo de diferentes departamentos de Bolivia, sino también de otros países, quienes llegan atraídos por la fama milagrosa de la imagen.
La Alcaldía y la Iglesia invitan a la población a participar de esta fiesta que combina la fe, la tradición y la esperanza en un entorno de profunda identidad cultural.
Se recomienda a los asistentes tomar previsiones debido a la gran afluencia de personas que suele colapsar las vías de acceso a la zona sur durante los días principales de la festividad.
Leyenda del Señor de Santa Vera Cruz
Cuenta la leyenda que antiguamente un indígena que recorría el lugar halló una piedra de forma casi triangular, en cuyo centro, formado por las venas de la misma, se dibujaba una cruz uniforme. Creyó entonces el indio haber encontrado en ese bloque el milagro divino.
Según ellos, era el deseo de Dios que hiciera un pedido de morada donde se le veneraría.
Así lo hicieron, y la primera construcción era una pequeña habitación, incómoda y sucia, en cuyo fondo sobre un poyo de adobes, construido para altar, descansaba la piedra de su idolatría. Más tarde, como aumentaba el número de fieles, la trasladaron a otro sitio más espacioso hasta llegar al sitio donde actualmente se encuentra.
La piedra primigenia, motivo de la fiesta, ha desaparecido, sustituyéndose hoy con un crucifijo.
Las mujeres que tienen muchos hijos y no desean más familia llevan a Santa Vera Cruz, muñequitas de trapo, envueltas en hilos de colores, idénticamente como lo hacen en la vida cotidiana, y depositan en una especie de hoyo que se encuentra en la parte posterior del altar mayor, pidiendo al instante en que arrojan la muñeca el milagro de no tener más niños.
Lo contrario ocurre con las mujeres estériles que recogen esas muñequitas pidiendo tener familia.
Generalmente, los pedidos se hacen en la explanada o atrio de la iglesia, donde se busca un sitio y se preparan las ofrendas, que consisten en una mezcla de lanas (millmas) de ovejas, cabras, plumas de aves y pelos de vacas, formando un bolo unido con excremento de los mismos animales. Se lo junta con la grasa «untu» de animal para que empiece a arder. Al mismo tiempo se encienden las velas (una por cada miembro de la familia, incluso cuando están ausentes), se colocan en formas especiales: circular, en cruz, en línea o se toman todas las velas juntas en la mano. Es el momento de la oración y de gran recogimiento; se supone que están en oración a Cristo, se intercala con alguna bebida o cigarro.
Este rito dura cerca de dos a tres horas, esperando que se consuma todo el preparado (no se puede apagar, es señal de mal agüero).
Al concluir esta ceremonia, los miembros de la familia se acercan al Cristo a besar los pies de la imagen, recogiendo luego las cenizas de la ofrenda y guardándola para llevarla a sus comunidades, donde se esparce a los campos y sembradíos; en algunos casos se conservan para curar enfermedades.
La fiesta dura tres días, donde, aprovechando la ocasión, delante de la capilla y formando una avenida, levantan los comerciantes carpas, donde expenden bebidas alcohólicas, como chicha, y además comidas de variado sabor.