Argentina
La ciudad de Rosario es escenario de un caso que genera profunda indignación. Un niño de apenas dos años fue internado de urgencia tras detectarse que tenía cocaína en su organismo. El hecho salió a la luz cuando su madre, Luciana, de 21 años, lo recibió de manos de su expareja tras un fin de semana de visita. Lo que comenzó como un acuerdo de convivencia terminó en una denuncia penal por un acto de crueldad extrema: el suministro de drogas para sedar al menor.
El acuerdo estipulaba que el padre debía devolver al niño el sábado, pero el hombre se negó rotundamente hasta el domingo por la noche. Al producirse el encuentro, la madre notó signos de alerta inmediatos. El bebé estaba sin ropa, apenas en pañales y con una temperatura corporal baja. Sin embargo, lo más preocupante fue su conducta: el niño se mostraba «apagado», con la mirada perdida y extremadamente agresivo, rechazando cualquier contacto físico.
Ante el temor de que el pequeño hubiera sido víctima de un abuso, Luciana lo trasladó a un hospital. Los médicos, tras realizar los exámenes, descartaron lesiones físicas, pero el análisis de orina arrojó un resultado positivo para cocaína. La revelación confirmó la peor sospecha de la madre: el progenitor, quien tendría problemas de adicción, habría utilizado la sustancia para silenciar el llanto del niño, quien aparentemente no lo dejaba dormir.
Luciana relató que su expareja reconoció haber pasado una mala noche por los ruidos del bebé. Este testimonio, sumado a las amenazas que recibió tras retirar al menor, motivó una denuncia formal en la comisaría. La justicia y la Secretaría de Niñez deben intervenir ahora para garantizar la seguridad del pequeño y determinar la responsabilidad penal del padre, que podría enfrentar cargos por suministro de estupefacientes agravado y abandono de persona.
Mientras el menor se recupera de los efectos tóxicos en su sistema nervioso, la comunidad exige medidas ejemplares contra un acto que puso en riesgo la vida del bebé.