De acuerdo con la revista The American Journal of Medicine, lo expertos de la Facultad de Medicina Charles E. Schmidt de la Universidad Atlántica de Florida en Estados Unidos hicieron un llamado a amplificar la campaña contra la ingesta en exceso de esos productos debido a sus efectos adversos para la salud.
Las personas que consumen mayores cantidades de alimentos ultra procesados tienen mayores riesgos de sobrepeso y obesidad, enfermedades metabólicas, marcadores de inflamación, enfermedades cardiovasculares, principalmente ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, así como muerte prematura, recordaron los investigadores.
Los expertos opinaron que con los productos ultra procesados puede ocurrir lo mismo que el tabaquismo, pues pasó mucho tiempo desde que fueran comprobados los perjuicios que ocasionan los cigarrillos para la salud hasta que aparecieran las campañas sanitarias publicitarias.
Con anterioridad, la revista European Heart Journal reportó que dichos productos también pueden contribuir a desarrollar problemas renales crónicos.
Dicho estudio además analizó los datos de alrededor de 17.024 hombres estadounidenses de 18 años o más que consumen casi a diario comida «chatarra» y los resultados demostraron que los hombres de los tres grupos de mayor consumo de ultra procesados presentaron un riesgo 29% superior de cáncer de próstata, en tanto que los dos grupos más altos alcanzaron un 30% más de riesgo respecto al grupo de menor consumo.
Sin embargo, el impacto de los ultra procesados sobre la salud no se limita solo al cáncer de próstata. Investigaciones previas recogidas destacan su papel en la alteración de la función inmunológica. Más del 70% de las defensas corporales residen en el intestino, y los alimentos que afectan la microbiota intestinal reducen la capacidad del organismo para resistir infecciones. Según expertos, la elección diaria de alimentos influye en la respuesta frente a virus comunes y otras enfermedades.
En particular, el consumo de alimentos con exceso de azúcar añadida puede reducir en un 50% la eficacia de los macrófagos, las células encargadas de eliminar virus y bacterias, a partir de los 30 minutos tras la ingesta y hasta cinco horas después.