Las «chucherías» picantes se van abriendo paso en los quioscos desde hace unos años y cada vez tienen más aceptación entre la población infantil.
Esto es motivo de preocupación para madres, padres y otros adultos con menores a su cargo, que se preguntan si estos productos pueden afectar negativamente a la salud.
En las chucherías picantes se utilizan como ingredientes extractos y aromas procedentes de chiles y pimientos picantes, que contienen capsaicinoides de forma natural, entre los que destaca la capsaicina. Podríamos decir que esta sustancia es «la reina del picante».
La principal advertencia que se suele hacer sobre la comida picante es que resulta irritante para las mucosas del tracto gastrointestinal: su consumo habitual o excesivo podría provocar efectos adversos como dolor abdominal o hemorroides, y empeorar los síntomas de gastritis o reflujo esofágico.
Especialistas aseguran que los componentes de muchos de éstos productos son los culpables de numerosas infecciones alimenticias, por ejemplo:
Ese picante no es chile, es capsaicina concentrada con ácidos y saborizantes, y activa los mismos sensores que el calor y el dolor. En un niño, la capa que protege el estómago es más delgada y con una bolsa diaria se inflama provocando dolor de panza, ardor, náuseas y gastritis.
Una bolsa grande trae más sal de la que un niño debería comer en todo el día. Le sube la presión, le da sed que se quita con refresco. La mitad de la bolsa es harina y grasa que se guarda en el estómago y en el hígado.
Sal, grasa y picante juntos se convierten así en un veneno bastante peligroso a largo plazo, por lo que lo más aconsejable es dejar el consumo de éstas «chucherías» sólo para de vez en cuando y no así a diario.
Y si notas que tus hijos tienen dolor de estómago seguido, ardor o náuseas al despertar, o peor aún vómitos con sangre, esto requiere una atención de Emergencia.