Al otro lado no había túneles ocultos, hombres encapuchados ni las escenas oscuras que durante siglos alimentaron leyendas y conspiraciones. Había silencio, columnas, símbolos geométricos y una atmósfera cuidadosamente solemne.
Sin embargo, la sensación de estar entrando en un lugar prohibido era inevitable.
Nuestro medio acababa de atravesar el umbral de la Gran Logia Regular de Cochabamba, una infraestructura masónica de aproximadamente 1.200 metros cuadrados, conformada por templos, salones ceremoniales y ambientes reservados para sus miembros.
Nada parece estar colocado al azar.
La escuadra, el compás, las columnas, el pavimento, la orientación del templo y hasta el lugar que ocupa cada persona poseen un significado. Algunos símbolos pueden explicarse. Otros pertenecen a un conocimiento que solo se revela progresivamente a quienes han sido iniciados.
La masonería decidió abrirnos sus puertas.
Pero no todas.
EL HOMBRE QUE GUARDA LOS SECRETOS
Nos recibe Oscar Julio Zurita Pereira, auditor financiero, magíster y Gran Maestro de la Gran Logia Regular de Cochabamba.
Su trayectoria no se limita al mundo masónico. En 2006 fue Presidente del Comité Cívico de Cochabamba y también ejerció la Presidencia de la Confederación de Profesionales de Bolivia.
Actualmente dirige una fraternidad cuyos miembros se llaman entre sí “hermanos”, se reconocen mediante antiguos signos y mantienen un compromiso que, según explican, puede atravesar fronteras, ideologías, profesiones y generaciones.
Frente a él formulamos la primera pregunta:
—¿Qué es realmente la masonería?
—Es una institución iniciática, filosófica, filantrópica y fraternal. Para pertenecer a ella, una persona debe ser iniciada conforme a tradiciones inspiradas en las antiguas organizaciones de constructores medievales. Nuestro propósito es trabajar en el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano.
Los masones se describen simbólicamente como constructores.
Pero ya no construyen catedrales de piedra.
Hablan de construir hombres.
Para ellos, cada persona es una “piedra bruta”: un ser imperfecto que debe pulirse mediante el conocimiento, la disciplina, el estudio, la tolerancia y el servicio a los demás.
¿SOCIEDAD SECRETA O PODER DISCRETO?
La masonería ha sido relacionada con revoluciones, gobiernos, ejércitos, universidades, tribunales, bancos y movimientos independentistas. Su presencia aparece, directa o indirectamente, en algunos de los acontecimientos más importantes de los últimos tres siglos.
Por eso, la pregunta no puede evitarse:
—¿La masonería es una institución secreta?
Zurita responde con serenidad:
—Antiguamente fue considerada secreta porque los masones éramos perseguidos por nuestras ideas y por defender la libertad de pensamiento. Actualmente no somos una institución secreta, sino discreta. Nuestra existencia es pública, pero conservamos determinados signos, palabras y formas de reconocimiento que pertenecen únicamente a los iniciados.
—Entonces, ¿todavía existen secretos masónicos?
—Sí. Existen secretos que permiten reconocer a un masón en cualquier lugar del mundo. También hay conocimientos, símbolos y enseñanzas que se transmiten de acuerdo con el grado alcanzado por cada miembro.
—¿Puede revelarnos alguno?
Sonríe.
—Si pudiera revelarlo, dejaría de ser un secreto.
EL PODER DE LLAMARSE “HERMANO”
La palabra “hermano” no es una simple formalidad dentro de una logia.
Representa pertenencia, confianza y un compromiso moral asumido entre hombres que, antes de conocerse como profesionales, empresarios, trabajadores, autoridades o ciudadanos, se reconocen como integrantes de una misma fraternidad.
—¿Qué obligación existe entre dos masones?
—Existe un deber de fraternidad, solidaridad y auxilio dentro de lo justo y de lo moral. Un masón no debe abandonar a un hermano que atraviesa una dificultad, pero esa ayuda jamás puede estar por encima de la ley, de la justicia o de los principios de la institución.
—¿Un masón está obligado a ayudar a otro masón?
—Está llamado a auxiliarlo si su pedido es legítimo. La fraternidad no significa complicidad ni impunidad. Si alguien actúa de manera contraria a la moral, no puede pretender que la masonería proteja sus actos.
La aclaración es importante porque una de las sospechas más repetidas alrededor de la institución es que sus miembros conforman una red de favores capaz de influir en decisiones políticas, económicas o judiciales.
Zurita rechaza esa interpretación.
—¿La masonería tiene poder?
—La masonería tiene la fuerza de sus ideas y de sus miembros. A lo largo de la historia pertenecieron a ella gobernantes, científicos, militares, artistas, juristas y hombres que influyeron en sus sociedades. Eso no significa que la institución gobierne desde las sombras. El poder que buscamos es el dominio del hombre sobre sí mismo: sobre sus pasiones, sus prejuicios y sus debilidades.
Sin embargo, admite que la fraternidad crea vínculos profundos.
Un masón boliviano podría ser reconocido como hermano en una logia de Brasil, Inglaterra, Italia, Colombia o cualquier otro lugar donde exista una obediencia compatible con la suya.
No es un poder escrito en las leyes.
Es el poder de una red construida durante siglos.
HOMBRES QUE CAMBIARON EL MUNDO
La historia de la masonería se confunde, en determinados momentos, con la historia del poder.
Sus principios de libertad, igualdad y fraternidad quedaron asociados con la Ilustración, con las revoluciones liberales y con el nacimiento de nuevas repúblicas.
—¿Cuál fue el verdadero aporte de los masones a la humanidad?
—Los masones participaron en la promoción de los derechos humanos, la tolerancia religiosa y política, la educación, el pensamiento científico y la libertad de los pueblos. Nuestro lema de libertad, igualdad y fraternidad expresa esos ideales.
Entre las figuras históricas vinculadas con la masonería se encuentran George Washington y Benjamin Franklin, protagonistas de la independencia de Estados Unidos.
En Europa, distintas corrientes masónicas estuvieron relacionadas con las ideas que transformaron el siglo XVIII y con los principios difundidos durante la Revolución Francesa.
En América, la tradición masónica identifica entre sus grandes nombres a Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Francisco de Miranda, Bernardo O’Higgins, José de San Martín y José Bonifácio de Andrada, protagonistas de los procesos de independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil.
No todos pertenecieron a una única organización ni actuaron bajo un mando masónico central. Algunas filiaciones históricas continúan siendo debatidas. Sin embargo, compartieron ideas, espacios y redes propias de una época en la que las logias funcionaban como lugares de encuentro para quienes imaginaban un continente libre.
En Bolivia, Zurita menciona a Andrés de Santa Cruz, Pedro Domingo Murillo, Tomás Frías, Narciso Campero, Ismael Montes, Germán Busch, René Barrientos y Víctor Paz Estenssoro, entre otros personajes asociados con la historia masónica nacional.
Presidentes, militares, intelectuales y revolucionarios.
Hombres enfrentados incluso por la política, pero unidos —según la memoria de las logias— por símbolos que solo ellos podían reconocer.
LOS MASONES FAMOSOS DE NUESTRO TIEMPO
La masonería no pertenece únicamente al pasado.
En diferentes lugares del mundo existen personalidades que han hecho pública su condición masónica. Entre ellas se encuentra el astronauta Buzz Aldrin, integrante de la misión Apolo 11 y uno de los primeros seres humanos que caminaron sobre la Luna. La tradición masónica estadounidense recuerda que Aldrin llevó consigo símbolos vinculados con la fraternidad durante aquella histórica misión.
Otro nombre reconocido es el del sargento británico Johnson Beharry, condecorado con la Cruz Victoria por rescatar a compañeros heridos bajo fuego enemigo y miembro de una logia londinense.
Existen científicos, empresarios, artistas, militares, deportistas y autoridades que han reconocido públicamente su pertenencia. Muchos otros prefieren no hacerlo.
—¿Qué masones importantes puede nombrar actualmente en Bolivia?
La respuesta vuelve a cerrar la puerta.
—Tenemos una antigua norma de confidencialidad. Ninguna autoridad masónica puede revelar la identidad de un miembro. Cada hermano tiene la libertad de manifestar públicamente su pertenencia, pero nosotros no podemos hacerlo por él.
LA PREGUNTA SOBRE MANFRED
La conversación llega entonces a uno de los rumores más persistentes de la política cochabambina.
—Se ha manifestado que el alcalde Manfred Reyes Villa sería masón. ¿Es cierto?
El Gran Maestro no cambia el tono.
—No puedo proporcionar esa información de manera positiva ni negativa.
—Pero se difundieron fotografías en redes sociales de un lugar donde el alcalde presuntamente habría asistido a un rito masónico. Ese lugar parece ser el mismo templo que hoy estamos visitando.
Zurita observa el interior del recinto.
Luego responde con dos palabras:
—Es posible.
No confirma.
No niega.
La regla del silencio permanece intacta.
¿QUIÉN MANDA DENTRO DE UNA LOGIA?
En el llamado Simbolismo Masónico existen tres grados fundamentales: Aprendiz, Compañero y Maestro Masón.
La unidad básica es la logia, denominada también “taller”, dirigida por un Venerable Maestro. La reunión de varias logias conforma una Gran Logia, gobernada por un Gran Maestro.
En Cochabamba, Zurita identifica dos estructuras con personalidad jurídica: la Gran Logia Regular de Cochabamba, patrocinada por FUNLOMASBO, y la Gran Logia Distrital de Cochabamba, vinculada con la Gran Logia de Bolivia.
La Gran Logia Regular de Cochabamba fue constituida el 8 de mayo de 2008, con respaldo de masones brasileños, y obtuvo su personalidad jurídica mediante Resolución de la Gobernación de Cochabamba N.º 1340/2008.
En 2011 se creó la Gran Logia Distrital de Cochabamba, patrocinada por la Gran Logia de Bolivia y con antecedentes relacionados con una autorización proveniente de la masonería chilena.
Además de los tres grados simbólicos existen cuerpos capitulares y sistemas de altos grados, como el Rito de York y el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Dentro de este último se encuentra el Supremo Consejo del Grado 33, presidido por un Soberano Gran Comendador. Según Zurita, este cuerpo fue instituido en Cochabamba con la presencia de altas autoridades masónicas de Colombia, Italia y Andorra.
Los títulos impresionan.
Pero no significan, aclara, que un masón de grado elevado sea dueño de poderes sobrenaturales ni que gobierne sobre todos los demás.
—Los grados representan estudio, responsabilidad y conocimiento. No convierten a una persona en alguien superior ante la sociedad.
DIOS EN EL CENTRO DEL TEMPLO
Alrededor de la masonería también circulan acusaciones de prácticas satánicas, cultos prohibidos y ceremonias incompatibles con la religión.
Zurita las rechaza categóricamente.
—No somos una organización satánica. Los masones somos librepensadores y no imponemos una religión determinada, pero creemos en un ser superior, al que denominamos Gran Arquitecto del Universo.
En Bolivia, explica, las ceremonias se desarrollan alrededor de la Biblia por la tradición mayoritariamente cristiana de la sociedad. En otros países pueden realizarse ante la Torá, el Corán u otro libro considerado sagrado por sus integrantes.
La institución no pregunta, según afirma, cómo debe llamarse Dios.
Pero exige creer que existe.
NO TODOS PUEDEN ENTRAR
Para convertirse en masón no basta con tocar la puerta.
El postulante debe ser mayor de edad, tener buena reputación, ejercer un oficio digno, poseer libertad de pensamiento y creer en un ser superior. Su solicitud es estudiada y su trayectoria es investigada antes de que las autoridades decidan si puede ser recibido.
—¿Es necesario ser millonario?
—No. La capacidad económica es secundaria frente a la valoración moral y meritoria. Los costos están al alcance de una persona de clase media. Lo verdaderamente importante es la reputación, la conducta y la voluntad de superación.
Tradicionalmente, el aspirante es presentado por un masón antiguo que lo apadrina. Sin embargo, también se reciben postulaciones directas en la sede de FUNLOMASBO.
Pero presentar una solicitud no garantiza el ingreso.
La masonería elige a quienes permitirá atravesar la puerta.
EL ÚLTIMO SECRETO
La visita concluye en el mismo lugar donde comenzó.
Frente a la enorme puerta.
Durante algunas horas pudimos recorrer espacios que generalmente permanecen fuera de la mirada pública. Vimos templos, columnas y símbolos. Escuchamos hablar de poder, historia, libertad, compromiso y fraternidad.
Pero no asistimos a una iniciación.
No conocimos las palabras de reconocimiento.
No vimos todos los espacios.
Tampoco obtuvimos la lista de sus miembros.
La masonería abrió sus puertas, pero conservó lo esencial de su misterio.
Antes de despedirnos formulamos una última pregunta:
—¿Qué ocurre realmente cuando las puertas del templo se cierran?
El Gran Maestro guarda silencio por un instante.
—Comienza el trabajo de los masones.
No explica más.
La puerta vuelve a cerrarse.
Y detrás de ella permanecen los nombres, los juramentos y los secretos de una fraternidad que lleva siglos ejerciendo una extraña fascinación sobre el mundo.