El dolor en la cara interna de la rodilla, la dificultad para extenderla y la sensación de que falla al caminar suelen llevar a pensar en una operación. Sin embargo, muchas roturas degenerativas de menisco después de los 50 años pueden tratarse sin cirugía, con un programa sostenido de fortalecimiento de las piernas y seguimiento médico.
Las lesiones del menisco son frecuentes a partir de la mediana edad. Según estudios, cada tres personas mayores de 50 años presenta una rotura, muchas veces sin síntomas. El menisco es un tejido cartilaginoso situado entre los huesos de la articulación y cumple una función de amortiguación y distribución de cargas.
Los ejercicios no reparan una rotura. Su objetivo consiste en mejorar la capacidad de los músculos para absorber cargas, controlar los movimientos y sostener la articulación durante actividades como caminar, subir escaleras o desplazarse por terrenos irregulares.
La rehabilitación no reemplaza la evaluación de un traumatólogo o cirujano de rodilla. Hay situaciones en las que la operación mantiene una indicación clara, como cuando el dolor intenso persiste pese al ejercicio, aparece inflamación recurrente o los movimientos de flexión profunda y giro provocan molestias.