Innovación en Argentina: Crean piel a partir de ‘células’ del propio paciente

Agencias
Una nueva técnica de bioingeniería desarrollada en Argentina permite reconstruir piel utilizando células del propio paciente. El resultado es una mayor elasticidad y una cicatrización más acelerada en quemaduras y heridas crónicas. El método ofrece una alternativa personalizada que, al menos en los casos practicados hasta ahora, supera en funcionalidad y resultados estéticos a los tratamientos tradicionales, a la vez que reduce el riesgo de rechazo inmunológico al prescindir de materiales sintéticos o piel de donante.
El procedimiento, denominado cultivo dermo-epidérmico autólogo, fue desarrollado en el Hospital Italiano de Buenos Aires y consiste en extraer una pequeña muestra de piel que luego se cultiva en laboratorio sobre una base de plasma rico en plaquetas (PRP) del mismo paciente.
Esta técnica permite generar nueva piel compatible para cubrir lesiones sin recurrir a injertos de donantes humanos, animales ni materiales sintéticos, lo que reduce considerablemente el riesgo de rechazo inmunológico y mejora la integración biológica del tejido.
De acuerdo con la información difundida por el centro de salud, la utilización del propio plasma como “andamio” representa una diferencia sustancial respecto de los métodos usados internacionalmente, donde se suelen emplear mallas sintéticas o colágeno animal.
El doctor Luis Mazzuoccolo, jefe de Dermatología, explicó que el desarrollo de una lámina de piel que reproduce tanto la epidermis como la dermis permite alcanzar niveles de elasticidad del 95%. Este valor supera ampliamente el 75% obtenido mediante injertos de piel artificial, lo que facilita una mejor movilidad y resistencia en las zonas tratadas.
Mazzuoccolo subrayó que “cuando una persona sufre una quemadura de tercer grado, se pierden las tres capas de la piel. Es necesario reemplazar la dermis —la capa intermedia— rápidamente, ya que su pérdida total conlleva la pérdida de la función cutánea (elasticidad, sensibilidad) y puede tener consecuencias aún más graves”.
El proceso se organiza en cuatro etapas principales:
Primero, se extrae una fracción de piel de la zona inguinal, seleccionada por su capacidad para sanar con rapidez y la posibilidad de realizar la intervención bajo anestesia local.
Luego, esa muestra se cultiva durante diez a diecisiete días sobre el PRP, propiciando el crecimiento celular.
Posteriormente, la piel generada se aplica como autoinjerto sobre la herida y se protege con un vendaje compresivo.
Según datos del hospital, la regeneración completa del tejido se logra entre 30 y 120 días después del procedimiento.
La técnica está dirigida a pacientes cuya cicatrización se encuentra detenida en la etapa de epitelización, como quienes presentan úlceras venosas, lesiones por presión, heridas atípicas y quemaduras de difícil resolución.
Permite disminuir el riesgo de infecciones, el dolor y la necesidad de controles médicos prolongados, lo que favorece una recuperación funcional más rápida.

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