Las olas de calor aumentan el riesgo de paros cardíacos

Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas. Más allá de la incomodidad que generan, las altas temperaturas pueden tener un impacto importante en la salud cardiovascular, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades cardíacas previas o personas con factores de riesgo como hipertensión, diabetes o colesterol elevado.
Cuando la temperatura ambiental es elevada, el organismo activa mecanismos para intentar mantener estable la temperatura corporal. Uno de ellos es la vasodilatación, es decir, la dilatación de los vasos sanguíneos para favorecer la pérdida de calor.
Este proceso, unido a la sudoración y a la pérdida de líquidos, puede provocar deshidratación y bajadas de tensión. Como consecuencia, el corazón tiene que trabajar más para mantener una circulación adecuada.
En personas con un sistema cardiovascular vulnerable, este sobreesfuerzo puede favorecer descompensaciones y aumentar el riesgo de eventos cardíacos.
Las personas con insuficiencia cardíaca son especialmente sensibles al calor. La deshidratación, los cambios en la presión arterial y el esfuerzo añadido del corazón pueden provocar cansancio y empeoramiento de los síntomas.