Según detalla Sol Vazquez, nutricionista especialista en Inflamación y Wellness, legumbres como las lentejas aportan proteínas vegetales que dan saciedad; fibra que sana y nutre el intestino; y compuestos como hierro, zinc, magnesio que las convierten en un alimento esencial.
«Eran la base de las comidas de las poblaciones más longevas que vivieron en el mundo», enfatiza Vazquez. A la par, asegura que quienes vivieron mejor y más años comían a diario legumbres como estas.
En un comunicado la Organización de Naciones Unidas menciona el impacto de las leguminosas para la salud: “Son una fuente ideal de proteína, en particular en regiones donde la carne y los lácteos no son muy accesibles, ya sea física o económicamente”. En el escrito también se detalla que son alimentos bajos en grasa y ricos en fibra, lo que hace que puedan reducir el colesterol y ayudar a controlar el azúcar en sangre.
Se trata de un alimento básico ampliamente utilizado en la dieta de los antiguos egipcios, griegos y romanos. Para ellos este “combustible” natural de sabor terroso los ayudaba a afrontar con energía las tareas diarias.
Los historiadores creen que es una leguminosa originaria de Asia Occidental y Norteamérica. Hoy en día se lo emplea en todo tipo de recetas: ensaladas, pastas, guisos, etc., y su producción mundial es liderada por países como Canadá e India.
Un informe publicado en la revista Harvard Health Publishing recomienda su consumo debido a los múltiples beneficios que pueden aportar para la salud. Entre los más destacados, la publicación cita: La reducción del riesgo de tener obesidad gracias a su efecto saciante, el retraso de la digestión y, por ende, de la absorción de carbohidratos, la disminución de los niveles de colesterol e hipertensión arterial, la prevención de enfermedades digestivas gracias a su efecto en la flora intestinal, la prevención de patologías cardíacas y accidentes cerebrovasculares, entre otros.