Valles cochabambinos alimentan a todo el país y se programan al futuro

La antropóloga María Esther Mercado Huerta recuerda que el departamento fue históricamente una bisagra entre el occidente minero y el oriente agroindustrial. Primero abasteció de alimentos a los centros mineros y luego se consolidó como eje urbano, comercial, educativo y de servicios. Las migraciones internas moldearon una identidad andino-mestiza, dinámica y abierta.

Los valles y el trópico generan frutas, papa, maíz, hortalizas y otros alimentos que llegan a mercados de todo el país. Cochabamba también lidera la floricultura boliviana, aunque no existe una estadística nacional sólida para sostener que produce el 90% de las flores. En lácteos, los estudios sectoriales sitúan su participación productiva cerca del 20%.

Alrededor de esa base crecieron pequeñas industrias, talleres textiles, plantas procesadoras, restaurantes y emprendimientos familiares. Allí aparece otra fortaleza, que es convertir la abundancia en experiencia. El silpancho, los caldos, el chicharrón y las ferias gastronómicas no solo alimentan; también atraen visitas, preservan saberes y generan empleo.