La artritis es una enfermedad que afecta a 1 de cada 5 personas de todas las edades, desde niños, personas jóvenes y hasta adultas, pero sobre todo a personas mayores. De hecho, es una de las enfermedades más comunes de las articulaciones y conlleva bastantes problemas médicos.
Es esencial conocer información sobre esta patología para poder ayudar a los pacientes de la tercera edad a tratarla y prevenirla, ya que esta enfermedad puede traer ciertos riesgos para su salud y calidad de vida.
La artritis es la inflamación de una o varias articulaciones, lo que produce rigidez y causa dolor. Las articulaciones son la unión entre dos huesos y las que ayudan a producir el movimiento de los mismos. Claros ejemplos son las caderas, los codos, los nudillos de las manos y las rodillas.
Hay varios tipos de esta condición, pero la artritis reumatoidea es la más habitual en personas mayores. Esta provoca inflamación en varias articulaciones y con posibilidades de causar deformaciones. Generalmente se produce por desgaste o deterioro del cartílago.
Uno de los factores de riesgo sí ha sido comprobado es que las personas que consumen tabaco tienen más probabilidades de padecer esta condición. Cabe destacar que no es una enfermedad infecciosa, por lo tanto no se puede contagiar a personas o animales. La obesidad también es uno de los principales factores riesgos de esta enfermedad.
Además, las personas mayores tienen más riesgo de artritis debido al desgaste o deterioro del cartílago por la edad. Esta es la razón principal por la que se suele ver esta enfermedad en gente de la tercera edad.
Algunos síntomas característicos de la artritis reumatoide son: Dolor crónico, inflamaciones esporádicas, hinchazón y rigidez en las articulaciones o alrededores de las mismas, sobre todo al despertar, dificultad para la movilidad de las articulaciones, enrojecimiento en la zona afectada o cerca de esta, aparición de nódulos o bultos debajo de la piel, alrededor de las zonas afectadas y posibles cuadros de fiebre.
Para tratar ésta enfermedad es necesario visitar un especialista, quien le proporcionará un tratamiento específico, sin embargo puede acompañarlo con fisioterapia, una alimentación balanceada e incluso masajes con aceites relajantes en las áreas afectadas.