El herpes labial tiene una característica que sorprende a muchas personas: el virus puede permanecer dentro del organismo durante años sin producir lesiones y, posteriormente, reactivarse.
El estrés y el cansancio aparecen entre los factores que se han relacionado con estas recurrencias.
La Academia Americana de Dermatología reconoce el estrés, la fatiga, algunas enfermedades, la exposición intensa al sol, lesiones en la zona y determinados cambios hormonales como posibles desencadenantes de los brotes.
El estrés psicológico genera cambios reales en el organismo. Modifica la actividad del sistema nervioso y puede influir sobre diferentes componentes de la respuesta inmunitaria y hormonal. La investigación ha encontrado una asociación entre estrés psicosocial y recurrencias sintomáticas de herpes simple, aunque la relación no debe interpretarse como una explicación única para todos los brotes. Por eso, una persona que atraviesa semanas de mucha presión, duerme mal y se encuentra físicamente agotada puede notar que un brote aparece precisamente en ese período.
Sin embargo, el virus sí puede transmitirse. El herpes labial se contagia principalmente mediante contacto directo cercano, especialmente cuando existen lesiones activas. También puede transmitirse aunque no haya una lesión visible, debido a la eliminación viral asintomática. Por eso, durante un brote conviene evitar besar o mantener contacto directo de la lesión con otras personas.