Durante mucho tiempo el jamón y las salchichas se han visto como alimentos normales para tener en el refrigerador. Son rápidos, económicos y resuelven una comida en minutos.
A los niños se les prepara un sándwich de jamón con lechuga y tomate para llevar a la escuela, y como tiene verduras, muchas mamás creen que están mandando un buen lonche. Ahí está el problema: algo puede verse saludable por lo que lleva alrededor y seguir teniendo dentro un alimento que no conviene comer todos los días.
Desde 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó las carnes procesadas como cancerígenas para los seres humanos. En este grupo están el jamón, las salchichas, el tocino, el chorizo, el salami, la mortadela, la carne seca y otras carnes que han sido procesadas para conservarlas durante más tiempo o cambiar su sabor.
Que estén clasificadas como cancerígenas no quiere decir que comerse una salchicha haga el mismo daño que fumar un cigarro. Lo que significa es que existe suficiente evidencia de que consumir carne procesada puede causar cáncer, principalmente cáncer colorrectal.
La cantidad importa: la OMS informó que comer alrededor de 50 gramos diarios de carne procesada se relaciona con un aumento aproximado del 18% en el riesgo de desarrollar este cáncer.
Entonces ese sándwich no se vuelve saludable solamente porque tenga lechuga y tomate. Si lleva jamón, sigue llevando carne procesada. Esto tampoco significa que haya que entrar en pánico porque alguna vez se comió una salchicha. El verdadero problema es convertir estos productos en comida de todos los días, especialmente desde la infancia.
No hace falta complicar la comida; hace falta dejar de pensar que las carnes procesadas son la única manera rápida de alimentar a la familia, sobre todo desde pequeños.