El municipio de Quillacollo, bajo el gobierno del alcalde Luis Santa Cruz, atraviesa una profunda crisis institucional y de gestión urbana que ha llevado a diversos sectores sociales, vecinales y de control social a catalogar la situación actual como una de las peores de su historia reciente.
Los principales factores que fundamentan este descontento colectivo incluyen:
Colapso en la gestión de residuos: La acumulación de basura ha convertido a varios sectores en focos de contaminación. El conflicto se agravó significativamente tras las movilizaciones y bloqueos vecinales en rechazo al ingreso de residuos provenientes de Cercado hacia el botadero de Cotapachi, evidenciando la falta de una planta de industrialización definitiva.
Abandono de la infraestructura vial: Vecinos y plataformas ciudadanas denuncian la presencia de miles de baches, calles completamente intransitables y obras públicas paralizadas, problemas que se hicieron aún más evidentes durante la festividad de la Virgen de Urkupiña.
Inestabilidad política crónica: Quillacollo arrastra un historial crítico de ingobernabilidad, caracterizado por constantes cambios de alcaldes, disputas en el Concejo Municipal, denuncias penales cruzadas y acusaciones de corrupción que frenan el desarrollo de la región.
Postergación presupuestaria: Desde la dirigencia de Control Social se lamenta la falta de asignación de recursos estatales para proyectos prioritarios del municipio, lo que acentúa el estancamiento económico y urbano en vísperas de su aniversario provincial.
Esta acumulación de deficiencias en los servicios básicos y la falta de transparencia mantienen un clima de alta polarización y descontento entre los habitantes de la ciudad.
Mientras los actos protocolares avanzan, la demanda ciudadana por una verdadera planificación se hace más fuerte, dejando en evidencia que Quillacollo necesita sustituir la improvisación por obras de verdadera envergadura.