El vicepresidente Edmand Lara encendió la dinamita al denunciar públicamente una alarmante y cobarde parálisis dentro del Ministerio Público, asegurando sin pelos en la lengua que la Fiscalía sufre de pánico institucional y se ha arrodillado ante la sombra del poder presidencial.
Con una indignación evidente, Lara destapó que los fiscales encargados de procurar justicia han decidido frenar en seco las pesquisas más delicadas por el simple hecho de que los hilos de la sospecha rozan directamente las puertas de la Casa Grande del Pueblo, cuestionó duramente.
«Como que le están teniendo miedo a investigar a la primera dama, investigar al presidente, me preocupa; el Ministerio Público estaba marchando bien, estaban demostrando una independencia en la investigación, pero como que se están frenando un poquito», dejando al descubierto una red de temores y presiones oscuras que ahogan la tan ansiada verdad en el país.
Según la lapidaria crítica lanzada por la autoridad, la institución encargada de perseguir el delito parece haber olvidado su verdadera brújula, remarcando con firmeza que «el fiscal no se debe al presidente, el fiscal se debe al pueblo boliviano, la fiscalía debe investigar con transparencia». Mientras los fiscales actúan con calculadora mano blanda y se refugian en un silencio cómplice, las investigaciones cruciales quedan estancadas en los escritorios bajo nubes de sospecha.
El vicepresidente exigió una rectificación inmediata y un golpe de timón transparente y valiente.
Dejó en claro que, aunque insisten en que «nosotros no estamos haciendo injerencia, no estamos presionando», la exigencia colectiva es una sola.»Simplemente queremos la verdad que ha ocurrido y eso es a través de una investigación seria, transparente y responsable».
La ciudadanía asiste atónita a un nuevo pulso donde la justicia tambalea al filo de la censura, exigiendo que los fiscales demuestren de una vez por todas si trabajan para el pueblo o para proteger los oscuros intereses de la cúpula gobernante actual.