Todos tiran la piel de la molleja pero es buena para la diarrea

Entre los remedios que se han utilizado para el empacho, los cólicos, la diarrea y la digestión pesada existe uno bastante particular: la telita amarilla que recubre por dentro la molleja del pollo. Esa membrana dura que normalmente se desprende durante la limpieza ha sido aprovechada durante generaciones, y en la medicina tradicional china su uso para distintos trastornos digestivos se conoce desde hace siglos.
Su uso se relaciona especialmente con esos periodos en los que el estómago anda flojo, aparecen diarreas repentinas, la comida tarda demasiado en digerirse, hay acidez, inflamación o los alimentos pesados provocan empacho con facilidad. La membrana se utilizaba buscando que el estómago recuperara firmeza y pudiera procesar mejor lo que se comía.
Una de sus características es que se trata de un tejido resistente compuesto principalmente por proteínas. Dentro de los usos que se le han dado como remedio digestivo se encuentra su efecto astringente, aprovechado para las evacuaciones demasiado sueltas y los empachos. De la misma manera se ha empleado para ayudar con la inflamación y con esa pesadez que queda después de comer y parece durar horas.
Para aprovecharla, la molleja se abre y se retira con cuidado toda la capa amarilla. Se lava muy bien hasta dejarla completamente limpia y después se pone a secar. Puede dejarse al sol o colocarse en un sartén a fuego muy bajo, procurando que pierda toda la humedad hasta quedar dura y quebradiza. En ese punto se muele en molcajete o licuadora hasta conseguir un polvo fino.
La preparación que se ha utilizado lleva una cucharadita de ese polvo en medio vaso de agua tibia, una vez al día durante tres a cinco días. Es una cantidad pequeña porque no hace falta llenar el vaso de polvo ni tomarlo varias veces durante el día. La intención de este remedio ha sido ayudar a cortar la diarrea, bajar la inflamación, aliviar el empacho y conseguir una digestión más firme cuando parece que cualquier alimento cae pesado.
La parte más llamativa está en lo fácil que resulta desecharla. Se limpia la molleja, aparece esa capa amarilla, se arranca y va directo con los desperdicios, solamente porque se perdió el conocimiento ancestral como remedio casero que era bastante usado por nuestras abuelas.